Spring 2016 Article

La injusticia en el paraíso

By Mackayme Gutierrez

La República Dominicana es conocida por las playas hermosas de Punta Cana, Puerto Plata y Samaná. Sin embargo, alejándose de la costa y frente a la ciudad fronteriza de Dajabón, situado entre Haití y la República Dominicana, la reputación y realidad del país no es tan idílica. En los últimos años, la crisis de inmigración ha seguido aumentando entre Haití y la República Dominicana.

En 2013, un fallo judicial dominicano anuló la ciudadanía de cualquier persona nacida de padres haitianos sin papeles después de 1929. Esto significó que las personas que se identificaban como dominicanos, pero eran de origen haitiano, fueron despojados de sus identidades y deportados a Haití. El departamento de estado reporta que esta decisión se aplica a casi 2,000,000 personas. Muchas de las personas en proceso de revisión para la ciudadanía son los niños nacidos de padres haitianos en la República Dominicana. Ellos no tienen vínculos con el país occidental, sin embargo, debido a la falta de documentación de la ciudadanía dominicana, están bajo la amenaza de ser enviados a un país al que no conocen.

Las deportaciones continúan a desplazar a personas de sus hogares debido a la discriminación racial y el abuso de los derechos humanos. La crisis de la inmigración refleja las tensiones raciales históricas entre los dos países. Durante el régimen de Rafael Trujillo en la década de los 30, se intentó ‘limpiar’ a la República Dominicana y promover “el progreso” en el país. Pero para hacerlo, Trujillo ordenó una masacre de haitianos en el país. En una carta escrita en 1937, del embajador R. Henry Norweb al secretario del estado Cordel Hull, declaró,

"al parecer, con la aprobación del Presidente Trujillo, una campaña sistemática de exterminio se dirigió contra todos los residentes haitianos… el proyecto se llevó a cabo con una eficacia implacable por la Policía Nacional y el Ejército."

A pesar de que la dictadura de Trujillo terminó hace 78 años, los sentimientos anti-haitianos todavía existen dentro la República Dominicana. En la ciudad fronteriza de Dajabón las puertas de las fronteras que dividen a los dos países se abren y dan acceso a los haitianos para vender y comprar en el mercado binacional. Una multitud de hombres, mujeres y niños pasan por las puertas de la frontera en motocicleta o a pie. Cada persona entra al mercado con su mercancía en sus manos, cabezas y hombros y a la misma vez, corren para conseguir el mejor lugar disponible para establecerse. Los que no vienen a tiempo o no pueden pagar los impuestos, se van detrás del edificio a la ruta de tierra y venden allí. Al otro lado del mercado se ve el abuso, iniciado por los militares, de las personas en línea para cruzar la frontera de la República Dominicana. Los que no tienen papeles son empujados fuera de la línea. Aunque el mercado les da a los haitianos la oportunidad de vender mercancía todavía hay injusticia contra ellos.

Cuando el mercado cierra, todos los haitianos deben cruzar de nuevo a Haití. Algunos logran escaparse de la policía y la seguridad dominicana, sin embargo, es imposible llegar muy lejos debido a los muchos puestos de control migratorio dentro del país. El resultado es que muchos inmigrantes se quedan cerca de las ciudades fronterizas, como la ciudad mayor poblada de Dajabón.

A medida que las familias haitianas se establecen en la República Dominicana, comienzan a perder la conexión con su país de origen. Al tener sus niños en la República Dominicana es cuando se pone difícil para las generaciones futuras. La resolución del 2013 dice que si alguien nace de padres sin papeles, esos niños no son documentados en ningún país. Es como si no existieran, y más tarde se convierte en un problema cuando los niños necesitan esos papeles para inscribirse en la escuela. Los niños son criados con la cultura dominicana, pero todavía se enfrentan al racismo y la injusticia debido a sus raíces haitianas de la generación anterior.  Imagínese a un niño que es de tercera generación dominicano, pero con raíces en Haití. Ese niño es despojado de la ciudadanía. No puede ir a la escuela, al doctor y no puede comprar una casa por la falta de documentos. Y si no se inscribe para recibir los documentos, es deportado a un país que nunca ha visitado y donde no puede ni hablar el idioma. Estos son los efectos de la decisión judicial que refleja los sentimientos anti-haitianos en la República Dominicana.

Con estas formas de deportaciones, las familias enfrentan el obstáculo de ser separadas y enviadas de vuelta a un país donde no tienen recursos. Estas leyes continúan siendo implementadas y vemos como las percepciones y trato injusto se remontan a la dictadura de Trujillo. La crisis de inmigración ha seguido aumentando entre Haití y la República Dominicana y resulta en la injusticia hacia una comunidad desposeída entre los dos países. Las percepciones idílicas de la isla son erradicadas debido a las tensiones en la frontera, el sentimiento anti-haitiano, y la historia de racismo y tensión política entre los dos países. La realidad es que hay injusticia y violaciones de derechos humanos en un una isla a la que muchos llaman el paraíso.