Ambitious and Undocumented

Ambiciosos e indocumentados: futuros ingenieros en California

Written by Stefani Robnett

    Cuando la madre de Iván Vegas cruzó con sus dos niños la frontera entre México y los Estados Unidos hace 15 años, tenía plena conciencia de los obstáculos que enfrentaría. Obtener el éxito en este país sería un reto, ya que tendría que realizar varios trabajos en condiciones difíciles y, a la vez, debía cuidarse para no ser detectada por las autoridades. Ser descubierta, significaba que sería deportada de vuelta a su ciudad de Tlaxcala en México. Sin embargo, tratar de sobrevivir en los Estados Unidos no podía compararse con intentar lo mismo en Tlaxcala, donde las oportunidades laborales aún son muy escasas.

    La madre de Iván también comprendió que para integrarse a la cultura norteamericana, sus hijos tenían que asistir a clases y aprender inglés, y los matriculó en la escuela pública más cercana.

    Al igual que los padres de Iván, los padres de Leo desafiaron el peligro de cruzar la frontera de México con los Estados Unidos. Leo tenía solo cinco años el día que por primera vez pisó este país. La intención original de los padres de Leo era trabajar, con el propósito de juntar el dinero suficiente para regresar a su hogar y a sus familiares en Monterrey, Nuevo León; pero no pudieron hacerlo por los problemas de inmigración y, también, por la guerra contra el narcotráfico en México, que ha convertido esa parte del país en un lugar muy peligroso para el ciudadano común y corriente. Apenas los padres de Leo se dieron cuenta de que regresar no era una opción viable, pusieron a su hijo en la escuela pública más cercana.

    Los caminos de Leo e Iván se cruzaron durante el bachillerato, cuando entraron en la Academia de Ingeniería y Diseño de su escuela secundaria (Engineering and Design Career Pathways Academy).

    Los co-directores de esta academia, Linsay Burkhart y Truman Robnett, invitaron a Iván y a Leo a ingresar en ella, para lo cual tenían que completar una rigurosa aplicación. Una vez aceptados, se esperaba de ellos que tuvieran éxito en sus estudios de bachillerato (high school). Al estar en la academia se integrarían a un grupo de estudiantes―con los cuales continuarían aprendiendo muchos conocimientos útiles, para culminar una carrera exitosa en ingeniería. En la academia los estudiantes participan en varias competencias de robótica y de cohetería, y están expuestos a la realidad del trabajo de ingeniero, asistiendo a presentaciones de exitosos profesionales en el campo y, además, tienen la oportunidad de observar a los profesionales en el desempeño de su labor.

    Durante todo el tiempo que Leo ha estado en la escuela en los Estados Unidos, se le ha reconocido sus habilidades en las matemáticas y las ciencias: “Siempre estuve muy involucrado en GATE (Gifted and Talented Education) en primaria y secundaria”, dice Leo. Para él, la academia ha sido el sitio perfecto.

    Por otro lado, Iván siempre había soñado con trabajar en aeronáutica, y por eso se sintió instantáneamente atraído por la academia. De inmediato empezó su proceso de aplicación.

    Para cualquier estudiante, la academia es un gran compromiso (cuenta como una clase extra, lo que significa que los estudiantes tienen más carga curricular y, adicionalmente, estudian durante el verano las clases que no pudieron tomar durante el curso normal).

    Para Iván y Leo esto era únicamente el principio, porque tenían que balancear sus compromisos con la academia no solo con el resto de las clases, sino también con actividades extracurriculares, y con trabajos que ellos realizaban para ayudar económicamente a sus familias. Iván estaba a cargo de manejar la pequeña empresa que su padre tenía para alquilar equipo de oficina, y Leo tenía que ayudar a su padre en su negocio de arreglar puertas de garaje.

    “Mi padre se burlaba de lo que hacíamos en la academia”, dice Leo. “Él lo llamaba 'Bean-gineering'”.

    Sin embargo, ninguno de los dos estudiantes se dio por vencido jamás; por el contrario, se volvieron más unidos y más fuertes con cada obstáculo que fueron encontrando.

    “La gente de la academia se convirtió en nuestra segunda familia. Todos nos ayudábamos durante los tiempos difíciles” dice Iván. “Mr. Robnett y los otros profesores del programa se convirtieron en nuestros mentores, a ellos les importábamos mucho nosotros”.

    Su camaradería y perseverancia les ayudó a graduarse de Hueneme High School y completar los requerimientos de la academia muy exitosamente. Hoy, Iván y Leo están en el Ventura City College, y ambos trabajan para pagar sus estudios de Ingeniería Mecánica. Al completar su tercer año, Iván piensa estudiar en Cal State Long Beach o UC Santa Bárbara. Leo también planea transferirse a UC Santa Bárbara.

    Según Robnett, Leo e Iván son la prueba de lo que los programas como California Partnership Academy (CPA) pueden hacer. Él dice lo siguiente: “La magia de la academia es ésta: se pone un grupo de estudiantes en lo que se llama un ‘cohort’. Ellos toman de cinco a seis clases juntos; se vuelven muy unidos, tienen los mismos profesores cada año y confían mucho en ellos. Si usted les demuestra que ellos son especiales, se volverán más exitosos. Todas las estadísticas prueban esto. Los puntajes de los exámenes son más altos, hay menos problemas de disciplina, etc. No es porque ellos sean más inteligentes que sus compañeros necesariamente, sino porque están en este ambiente.”

    Sin embargo, aunque programas como la Academia han demostrado que pueden mejorar la calidad de la educación, ahora están siendo amenazados por falta de financiamiento disponible para sostenerlos. El año entrante, el Gobernador Jerry Brown planea imponer reformas al sistema educativo de California que eliminarán muchos de estos fondos que sostienen programas como la Academia.

    Es muy frecuente que los niños Latinos en comunidades de bajos ingresos estén atrapados en un ciclo de pobreza y desigualdad educacional. Pero cuando los profesores, los líderes de los colegios, los padres de los niños y otras personas de influencia están comprometidos, proveen el soporte necesario, e inspiran a los niños Latinos a tener metas ambiciosas académicamente, el resultado es que les va mucho mejor en la escuela, y también son más exitosos logrando sus metas personales, y contribuyen más a la sociedad.

    Iván Vegas y Leo Palacios son indocumentados y viven en los Estados Unidos. Ellos no eligieron estar en la situación en la que están. Sus padres no eligieron nacer en las circunstancias en las que nacieron. Sin embargo, al igual que lo hace cualquier otra persona, ellos están luchando por hacer lo mejor de sus circunstancias, venciendo cada obstáculo que se les presenta. Programas como el California Partnership Academy les permite hacer esto.