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La Responsabilidad de Vivir

Written by Dylan Wittrock

La vinoteca Pause ocupa un pequeño espacio cerca al rincón de Market y Gough en el centro de San Francisco. Es moderno, oscuro, con una barra de aluminio pulido y dibujos de astronaves expertamente dibujados con tiza en las paredes. Es un bar de los yuppies, pero tiene una atmósfera relajante, acogedora. Cuando yo lo visité una fría noche lluviosa de septiembre, no era para pasar ocio sino para ver a un espectáculo de flamenco. No sabía mucho de esta forma de baile, solamente que es un arte español que involucra los brazos y el taconeo. Pero esta noche conocí a la bailaora (palabra catalana que significa bailarina de flamenco) profesional Stephanie Narváez y de pronto pude ver la belleza y el poder del arte del flamenco.

Esta noche había dos bailaoras, un hombre en la guitarra y un cantante - aprendí luego que esto se llama el cuaderno. Stephanie y su compañera llevaban vestidos negros con adornos rojos, el maquillaje haciendo que brillen los ojos. Podía ver en su comportamiento antes de bailar que Stephanie estaba nerviosa (el bar era pequeñito, y estaba sentado muy cerca) pero cuando subió al tablado cualquier temor que se hallaba en su cara fue reemplazado por la confianza. Al tiempo que marcaba el ritmo con los pies, movía los brazos en concordancia con la emoción de la música. Parece que la música, que empieza con el grito del cante jondo (la forma de cantar que es el alma de flamenco) encuentra su última extensión en los dedos del bailaora. Mientras que la guitarra forma el cuerpo de la canción, está manejado por la fuerza del ritmo del taconeo, o sea, por la bailaora. Con el pelo rizado de negro cayéndole sobre el mantón que envuelve sus espaldas, la cara de piel aceituna, y los ojos brillantes de azul, Stephanie es la imagen perfecta de una bailaora de flamenco. Mientras su destreza en el baile era visible desde el principio, lo que me sorprendió fue su compromiso total con el acto de bailar. Por un momento parecía que estaba rodeada por campesinos en una taberna andaluz. Pero cuando miro alrededor y veo que solamente hay dos hombres aparte de mí, de repente es el bar que parece fuera de su tiempo, y es el cuaderno el que pertenece al tiempo correcto.

Tuve el honor de entrevistar a Stephanie sobre las raíces del baile además de aprender mucho de esta artista. Stephanie y yo nos reunimos sobre un café una semana después de la noche en Pause. Le pregunté cómo empezó a bailar flamenco.

Narváez: Empecé cuando tenía 7 años. Mi mamá era modelo. Ella es puertorriqueña. Ella nació en Puerto Rico pero se mudó a Boston. Y ella era modelo, y quería que yo fuera modelo también a los cinco años. Había comerciales y había uno en que pedían una madre y una hija, y ella quería que yo fuera la hija... Pero en las audiciones yo lo hice muy mal, no podía caminar bien. Mis piernas estaban chuecas... Entonces ella se preocupó porque pensaba que nunca podría ser modelo. Entonces me llevó al doctor. El doctor dijo "no te preocupes, ella está bien. Solo necesita tomar clases de baile." Entonces ella me llevó a clases de ballet. Y no le gustaron porque yo era la única latina. Era más gordita. No me gustó. Me llevó a clases de jazz, de tap. Eso si me gustó. Tap más que todo porque era muy percusivo...Yo tenía siete años cuando empecé y al principio me gustaban algunas cosas y no me gustaban otras. Me gustaba que se veía muy bonito en la forma. Y los vestidos eran muy bonitos. Cuando era joven lo que me gustaba era ser bonita. Y lo que no me gustó del flamenco es que era muy crudo. A veces no hay que ser bonito para ver la belleza ¿no? Y yo no entendía eso a esa edad porque era muy pequeña. No fue hasta que tenía diez años que entendí lo que me gustaba de flamenco.

Esta parte más brusca de flamenco atrajo a Stephanie profundamente. A Stephanie la han influido mucho dos mujeres que revolucionaron el flamenco para las mujeres: Concha Vargas y Carmen Amaya. Una búsqueda de YouTube titulada Concha Vargas nos muestra una mujer con poder elemental, nada menos que inolvidable. Con respecto a Amaya, era la primera mujer en hacer el taconeo. Su sobrina nieta, Omayra Amaya, fue la primera mentora de Stephanie; estudió con Amaya a la edad de diez. 


N: [Antes de Carmen Amaya] la mujer se ponía enfrente y levantaba los manos, y había una cola de hombres atrás, haciendo el taconeo para ella, aparentando que ella lo estaba haciendo. Y ella solamente tenía que levantar los manos y lucir bella. Carmen Amaya era una gitana de Barcelona que desde que era joven asombró a la gente porque era tan apasionante. Omayra me contaba historias de cómo, después de bailar, Carmen Amaya vomitaba a causa de cuánto se metía en el baile.

Stephanie me contó una historia resumida de flamenco. Las raíces del arte empiezan en la época de la reconquista cuando los reyes Isabel y Fernando expulsaban de su territorio a los árabes, los judíos y los gitanos. El cante jondo, que posee  un distintivo sonido árabe, se creó durante este periodo de persecución. Las artes de las tres culturas se combinaron a lo largo de los siglos para formar el tipo de canción y baile que conocemos hoy. Sin embargo, el flamenco no ganó fama hasta la mitad del siglo XIX. En el periodo de los "cafés cantantes" (aproximadamente 1850-1920), el flamenco se extendió por todas partes de Europa. Después de la subida al poder de Franco y la pérdida de muchos artistas del país, el Estado apoyó al flamenco porque es nativo de España. Eso concordaba con la política del Caudillo de aislacionismo. Pero me interesaba más la trayectoria de los artistas individuales.

Wittrock: ¿Qué puedes decir de esta forma de danza que se distingue de otras formas?

N: Una responsabilidad de vivir es algo que creo que distingue al flamenco de otras cosas. Porque tienes que estar presente en el momento y agarrarlo.

La respuesta me anonadó un poco. No sólo porque en cuatro palabras abarcó lo que significa ser artista, sino también porque, preparando la entrevista, había compuesto cuatro frases que considero verdad para cada artista. Se las presenté a Stephanie con la esperanza de ganar un vislumbre al interior de su mente artística, además de encontrar algo que forma parte de la consciencia de todos los artistas.

1. Un artista tiene que crear su arte

N: Si no bailo el flamenco no me siento yo. Me sale el malhumor y estoy irritable. Soy como una sombra de mí misma. Entonces tengo que bailar, el flamenco en particular.


2. El artista es un forastero. No necesariamente antisocial pero tiene una perspectiva que es en un sentido "de afuera."

N: Hmm... Siempre he pensado que era solamente mi personalidad, nunca que tenía que ver con ser artista. ¿Qué significa para ti?

W: Como actor siempre estoy mirando a los hábitos de las personas, pequeñas cosas irracionales, cosas así... Me hace dar un paso atrás, como en una fiesta, para observar... Quizás es diferente para las bailarinas.

N: Bueno, estamos todo el tiempo enfrentados al espejo. Entonces siempre hay algo de autocrítica. Muchas veces tengo que alejarme de eso. A menudo antes de bailar miro, trato de mirar a los otros y conectar con ellos. Entonces puedo ser los dos: eres una forastera pero tienes que conectarse con la gente para el arte. Porque si no conectas con ellos pues van a decir que el taconeo era bueno, y ella parece bella pero ¿qué significa para mí? En el baile hay que golpearles personalmente.

4. Hacemos el arte para la audiencia.

N: Siempre olvido esto, porque amo tanto al flamenco que lo hago para mí misma. Pero cuando entras al escenario... tienes que conectar con ellos porque si no ¿qué va sacar la gente? Hay que inspirarlos.

Lo que me inspira de Stephanie es que se gana la vida bailando. Enseña clases de flamenco a los niños y baila con frecuencia en varios lugares de la ciudad. Para encontrar más sobre las actividades de Stephanie puede visitar su sitio web: www.stephanienarvaez.com. Además, está preparando de hacer una gira nacional con la Compañía de Teatro de Flamenco de Juan Siddi que empieza en el enero de 2013. Más información está disponible en www.juansiddiflamenco.com.